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Archive for 13 junio 2011

La industria que nació con la civilización humana, la que extrae de la tierra la materia prima con la que se produce casi todo lo que nos rodea, es una de las más rentables del mundo. Según datos del Metals Economic Group (MEG), en 2008 se registró el récord mundial de inversión en exploración minera, con 12.600 millones de dólares.

La crisis financiera contrajo el 42% la inversión, pero se espera para 2010 una recuperación de la actividad a nivel global. Canadá –recibe más de 50 mil millones de dólares por las operaciones de sus empresas en el extranjero– y Australia son líderes en minería, alcanzando respectivamente 1.170 millones y 951 millones de dólares en 2009 en concepto de inversiones en exploración. El destino más importante de estas inversiones en el ’08 fue Perú, trepando del sexto al tercer lugar en el ranking, con una cifra cercana a los 520 millones de dólares, consolidándose como el segundo productor mundial de cobre, muy cerca de Chile, número 1 indiscutido, y es el sexto productor internacional de oro y el primero en América latina. La dimensión de este boom la da el valor de sus exportaciones mineras de ’09, que alcanzaron los 16.010 millones de dólares, el 60% del valor total de sus ventas al exterior. Chile es un caso histórico. Es el séptimo país del ranking en inversiones mineras y el sector representa el 17,6% de su PBI.

Sus exportaciones vinculadas a esta actividad totalizaron el año pasado 30.680 millones de dólares, el 57,8% de las ventas totales al exterior. De esa suma, 26.900 millones correspondieron a las exportaciones de cobre, mineral del que Chile es el mayor productor mundial. En Argentina, la base está. A partir de la Ley 24.196 de mayo de 1993, el sector comenzó a ganar impulso. La ley fomenta las inversiones mineras de una manera demasiado ventajosa para las compañías del rubro: garantiza estabilidad fiscal por treinta años y una serie de beneficios impositivos, entre los que se destacan la deducción de hasta el 100% del impuesto a las ganancias de los montos invertidos en las etapas de prospección y exploración, así como estudios, ensayos y demás trabajos destinados a determinar la factibilidad técnico-económica de los proyectos. También contempla la libre disponibilidad de las empresas de las divisas obtenidas por sus exportaciones y se las exime del pago de derechos de importación por la introducción de bienes de capital, equipos e insumos para sus operaciones.

A su vez, a través de otra norma sancionada por el Congreso en 1994, se estableció un régimen de financiamiento para el pago del IVA que permite la devolución anticipada de ese impuesto para la adquisición de bienes de capital y para inversiones en infraestructura. Según la Ley de Inversiones Mineras, las provincias que perciban regalías por esta actividad no podrán cobrar un porcentaje mayor al 3% del valor en “boca de mina” de lo extraído (precio de lingote u onza en Londres). Este valor depende de lo que declare el productor, luego de descontar costos operativos, que –vale decir– no son controlados por el Estado de manera eficiente, como afirman críticos como el diputado Pino Solanas (ver recuadro). Como parte de este Código Minero, el Estado no puede explotar esta riqueza y está obligado a ceder la tarea –no la propiedad– a manos privadas. El 90% de los emprendimientos locales pertenece a holdings extranjeros. Los expertos estiman que en la década que comienza Argentina se convertirá en “la minera del mundo”, ocupando un lugar entre los tres primeros productores de plata, los cinco de cobre, los seis de oro y los primeros puestos en producción de litio, potasio y boratos.

Diario Perfil, 14 de Agosto de 2010.

Crítica de la noticia presentada

Esta nota del diario Perfil, del día 14 de Agosto de 2010 se incluye una gran cantidad de números absolutos y porcentuales que le dan carácter y una supuesta mayor veracidad a lo que se explica en ella. Desde ya, en el titulo se puede ver la utilización de los números como propósito mismo de la publicación.

revisándola, se puede notar el empleo de porcentajes y costos que reflejan lo que se hizo con la inversión en la Argentina respecto a la minería, cuanto ha sido su crecimiento, así como que indican las leyes que regulan la actividad en el territorio, antes y ahora, y se logra hacer una comparación respecto a que sucede con la actividad en otros países de latinoamericana y del mundo.

El empleo del recurso de los números para dar mayor carácter a la noticia es bien utilizado en la nota, pero aveces cae en el error de utilizarlo demasiado, al punto que, a uno le puede llegar a costar entender bien, entre tanto porcentaje y números en miles de millones.

Los números en si, no dicen nada, como se utilizan y para explicar que cosas de que manera, si dicen y si pueden influir, todos los datos utilizados se corresponden con la realidad, son cifras oficiales, de las que se apoya el periodista encargado de la noticia para dar respaldo a lo que se dice –Metals Economic Group (MEG)- respecto a una actividad que está en crecimiento, pero recaer en muchas cifras puede hacer perder el eje de lo que se intenta demostrar, una tarea que el periodista debe saber manejar.

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Una provincia regida por la actividad minera

Desde el año 1997, la actividad minera creció de manera sustancial en el territorio argentino, alcanzando hoy un total de veinticinco yacimientos.  La primera empresa minera, se instaló ese mismo año, en la provincia de Catamarca, que cuenta hoy con cinco yacimientos dentro de su territorio.

Las  empresas que explotan el territorio catamarqueño son La Minera del Altiplano (en el Salar del Hombre muerto), Cavok, Cordero Resources y Ascot  ubicadas en Condoryacu , Northern Orion en Agua Rica y Minera Alumbrera Ltd que posee los territorios de Bajo Alumbrera.  También se encuentran las canteras del Farallón Negro que son explotadas por una sociedad entre la Universidad de Tucumán, la provincia de Catamarca y el Estado Nacional .

Catamarca, pionera de la actividad minera, tiene una superficie de 102.602km2, lo que equivale casi a  un 4% del total de la superficie de la Argentina. Los yacimientos ocupan un área de 1245km2 (un 1,21% de la superficie de la  provincia), esto sin tener en cuenta que cada uno de ellos contiene campamentos y construcciones anexos que suman miles de kilómetros más.

La actividad minera emplea un 0,5%  de la población catamarqueña de manera directa y alrededor del  5% de manera indirecta.

Entre los productos que se extraen se encuentran el oro, plata, manganeso, cobre, metal doré, molibdeno y litio. La mayoría de ellos se exportan  a  Corea, Japón, Canadá y Estados Unidos para ser refinados.

Estos datos permiten dar cuenta del alto nivel de inserción e impacto que tiene la megaminería en la Argentina. No sólo se puede demostrar que la mayoría de las empresas que explotan los suelos de nuestro país son extranjeras, sino que a su vez emplean un ínfimo porcentaje de la población y sus productos son exportados en casi su totalidad. Sumado a esto, las exportaciones no implican necesariamente una ganancia para Argentina, ya que de acuerdo al Decreto N° 753 promulgado el 17 de junio de 2004, las empresas mineras no tienen la obligación del ingreso y la negociación en el mercado de cambios de las divisas provenientes de la exportación y no están obligadas a repatriar las divisas derivadas de las exportaciones.

 

Todos los datos fueron obtenidos de la página oficial de la Secretaría de Minería de La Nación y de la página oficial de la minera Alumbrera Ltd. Allí puede accederse a la información de cada uno de los yacimientos mineros del país. Quiénes tienen las consesiones y por cuánto tiempo, el valor de las inversiones, el empleo producido y los metales que se extraen, entre otras cosas.

a) Secretaría de minería de La Nación: http://www.mineria.gov.ar/catamarca.htm

b) Minera Alumbrera Ltd:  http://www.alumbrera.com.ar/

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La megaminería es una práctica que comenzó en España en 1957 y que luego se expandió al resto del mundo. Los motivos de su implementación eran que, debido a la excesiva actividad minera del hombre, la roca que contenía una elevada cantidad de metal se vio agotada. Como consecuencia, los explotadores mineros recurrieron a una práctica notablemente más nociva: la destrucción y reducción a escombros de montañas enteras sólo para obtener la misma cantidad de metal que antes podía extraerse de una sola roca.  Este nuevo proceso, más fácil de realizar y también más rentable, se dio a conocer como minería a cielo abierto pues en ella, a diferencia  de la minería tradicional, las explotaciones se desarrollan en la superficie del terreno y no subterráneamente.

En este nuevo proceso, los restos obtenidos son triturados y amontonados para luego ser rociados con productos químicos y así, finalmente, extraerle los metales. Luego de extraerlos, los residuos químicos son sencillamente abandonados en el lugar y a cielo abierto.

Lucrecia Soledad Wagner, doctora en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nacional de Quilmes, define a la megaminería como una práctica a gran escala que incluye: explotación a cielo abierto, generación de pasivos ambientales importantes (open pit o rajo abierto, escombreras, diques de cola,201 entre otros), extracción acelerada de recursos naturales no renovables, uso de sustancias potencialmente contaminantes, gran consumo energético, utilización de importantes volúmenes de agua, generación de drenaje ácido de mina (DAM), y potenciación del drenaje ácido de roca (DAR), liberación de metales pesados y construcción de infraestructura de transporte.1

Esta práctica, cada vez más empleada, no solo contamina, sino que altera el paisaje, el curso de los vientos, afecta la salud de la población y el ambiente y utiliza enormes cantidades de electricidad y de un recurso esencial para nuestra vida: el agua. Recurso que también contamina mediante filtraciones de los diques que hacen que los químicos utilizados lleguen hasta los cursos y ríos cercanos.

La megaminería en Argentina

El primer gran antecedente de actividades de minería a cielo abierto en Argentina es la instalación de la mina “La Alumbrera” en la provincia de Catamarca. Este emprendimiento tiene una profundidad de aproximadamente 700 metros y un diámetro de 2.5 kilómetros. Allí se utilizan, por día, 10 toneladas de cianuro y 300 millones de litros de agua. La empresa maneja un presupuesto que dobla el de la provincia de Catamarca,  produce 104 toneladas de concentrado de mineral por hora y el total de la producción es exportada a países europeos y Estados Unidos.

Según explica Wagner, citando a Andrea Mastrangelo e Inés Gonzalez Bombal, investigadores del CONICET y del Centro de Estudios de Estado y Sociedad de la Universidad Nacional de General Sarmiento respectivamente, en Argentina, hasta la reforma del Estado en 1990, “el Código Nacional de Minería representaba a los recursos naturales no renovables como el reaseguro dela soberanía nacional. (…)Fue recién en 1994 cuando el gobierno nacional promovió, a partir de un conjunto de leyes, la desregulación de la minería, permitiendo la elaboración de importantes proyectos de inversión al sector privado externo. La política nacional se vio reflejada en un aumento del nivel de inversión sectorial, del número de empresas mineras internacionales operando en Argentina. Esto formó parte central de la nueva política minera desplegada a escala nacional por la administración menemista, reflejando una ‘coyuntura de transición’ en la instauración de un nuevo modelo de valorización y apropiación de los recursos minerales a escala nacional. La explotación de estos recursos, que hasta fines de los años ´80 fueron considerados estratégicos, se transfiere a las grandes corporaciones mineras transnacionales que los consideran commodities destinados a satisfacer las demandas provenientes del mercado internacional” 2

Estas modificaciones en la política estatal produjeron no sólo la creación de “La Alumbrera”, sino de diversos emprendimientos mineros en toda la Argentina, a cargo de empresas internacionales que explotan los recursos y el suelo sin volver a reinvertir en la economía del país. Estas empresas fueron a su vez favorecidas leyes y regulaciones, como es el caso del Decreto n° 753/2004, que estipula que las compañías mineras en Argentina están protegidas de los controles de cambio y que no se encuentran en la obligación de repatriar las divisas derivadas de las exportaciones.

Buscando una salida

Desde diversas ONGs se está buscando la forma de encontrar una solución al problema de la minería a cielo abierto en Argentina. Tal es el caso de la Campaña Nacional de Firmas por el NO ala Minería Química a Cielo Abierto y la Minería Nuclearen todas sus formas; la campaña “El agua vale más que el oro” y la campana “Digamos NO a la megaminería”.

Estos emprendimientos llevados a cabo por rganizaciones políticas, sociales y ambientalistas, buscan el cierre definitivo de todas las minas que no respetan la Ley General del Ambiente (ley n° 25675), el respeto de los principios ambientales preventivos, precautorios y de sustentabilidad contenidos en dicha ley y la sanción de caducidad de las concesiones mineras en caso de incumplimiento, entre otras cosas.

Es importante que, para acompañar estas campañas, se recurra a la concientización de la sociedad civil, para generar el pleno conocimiento de la situación actual de la megaminería en la Argentina e instar al Estado Nacional a que tome las medidas necesarias para asegurar el pleno desarrollo y bienestar de nuestro medio ambiente y recursos naturales.

http://www.eumed.net/tesis/2011/lsw/indice.htm Trabajo de tesis de la investigadora Lucrecia Soledad Wagner, sobre “ Problemas ambientales y conflicto social en rgentina: movimientos socioamientales en Mendoza. La defensa del agua y el rechazo de la megaminería en los inicios del siglo XXI”

2Idem

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